¿Cómo podemos velar a nuestro bebé antes de su entierro/incineración?
Acogerlo en familia
Velar supone permanecer junto a alguien. No es solo despedir a vuestro bebé, sino también poder acogerlo en familia, reconociendo el vínculo que hay y que queda para siempre. Velar nos revela algo más profundo en lo que ha ocurrido. Es tener este tiempo con él en el que podéis estar los padres, otros hijos y quizá abuelos o padrinos acompañando este momento. Es un momento íntimo en familia.
Si os llevamos a casa a vuestro bebé, se puede preparar un lugar especial, un rincón tranquilo, una mesa cubierta con una tela bonita, flores, una vela encendida o alguna imagen significativa. Se pueden hacer también ciertas cosas de las que participen otros hijos: dibujos, cartas o dejar algún objeto cerca que exprese esta acogida, como una mantita, una foto familiar o algo representativo del embarazo.
Si tenéis más hijos, poner palabras a lo que está ocurriendo de un modo sencillo suele ayudarles a integrar lo que está pasando y así vivirlo mejor: “Este/a es tu hermanito/a. Lo esperábamos con mucho amor, pero su vida aquí ha sido muy cortita y continúa en el Cielo, desde donde nos cuida (o continúa en nuestro corazón, porque lo querremos siempre…). Su cuerpo está aquí ahora para que estemos con él/ella un ratito. Podéis decirle y contarle lo que queráis”. Proponerles también cualquier gesto de cariño con el bebé les ayuda a vivirlo. Es sorprendente la naturalidad con la que los niños viven este momento.
En este momento en familia se pueden incluir pequeños gestos muy significativos, como hablarle al bebé, decirle cuánto fue esperado, darle las gracias por su vida o expresarle el amor que se siente; cantarle una canción que se esperaba cantarle; compartir recuerdos de su vida durante el embarazo o si ya había nacido, cómo se eligió su nombre…
Velar es contemplar a este/a hijo/a tan amado/a que, aunque no se quede físicamente, ha sido y será parte de la familia para siempre. Darse ese tiempo puede parecer solo doloroso, pero estos gestos de amor abren la puerta a una paz también muy sanadora.
“Los velamos con nuestros padres por la tarde y nosotros solos por la noche. Allí estuvimos al lado de nuestros hijos hasta que amaneció. Fue un momento muy especial, un punto de inflexión, también para nuestro matrimonio” (Antonio e Isabel, padres de Ángel y Jesús).
¿Dónde velar?
Para velar a vuestro bebé, se puede tener un tiempo en distintos lugares:
- En casa: recibir a vuestro bebé en casa, colocarlo en algún lugar especial y acogerlo juntos es un modo de expresar que vuestra casa es su casa, que este bebé es parte de vuestra familia. Puede que hayáis tenido al bebé en casa y conservéis su cuerpo; también podéis colocar flores cerca de él o algún gesto que le acompañe y os ayude a acogerlo antes de despedirlo.
- En la parroquia: tanto antes de la celebración como después, es posible que tengáis un tiempo en el que, si queréis, antes de que lleguen todos los invitados o una vez termine la celebración, podéis quedaros junto a vuestro bebé con la familia más íntima.
- En la sala de despedida del tanatorio: también podéis tener un tiempo con vuestro bebé en el tanatorio antes de la celebración. Podemos acordar con vosotros lo que os ayude más a acoger a vuestro bebé en familia y a tener este tiempo con él antes de despediros físicamente.
✨La Luz de la Navidad
Para el tiempo de oración y de acogida en casa, os proponemos unos gestos inspirados en la Navidad. Se puede preparar un pequeño espacio con un belén, y hacerle un lugar a la cajita en la que descansa el cuerpo de vuestro bebé, en medio del misterio del nacimiento de Jesús. Cuando os llevamos al bebé a casa en su cajita, os llevamos también con él un icono de la Navidad, en el que Jesús está envuelto en vendas en el pesebre, como signo de su misión en la Tierra, que era dar la vida por nosotros, pasando por la muerte hasta resucitar. Vuestro bebé va a unirse a este paso de Jesús por la Tierra y a esta misión desde el Cielo para la que ha nacido. Velar es estar atento a esta luz que se desvela en la noche, la Resurrección en el dolor; es vivir la confianza y esperanza del Cielo.
«Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: ”Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”» (Lc 2, 1-14).
Podéis leer juntos este evangelio e incluso acompañarlo con gestos si el bebé es muy pequeñito. La madre puede sostener en sus manos al bebé envuelto en su sabanita y, cuando se llega al momento en el que María acuesta a Jesús en el pesebre, la madre puede hacer este mismo gesto, dejando a su bebé en su cajita y arropándolo. En este evangelio también se proclama la buena noticia del nacimiento de Jesús a los pastores, y estos corren a adorarlo. Vuestro bebé ha venido al mundo, su vida importa y es parte de vuestra familia para siempre. Si tenéis más hijos, este momento en el que los pastores van a adorar a Jesús, pueden llevarle ramitos de flores a su hermanito/a, que también podemos prepararos.
Colocar a vuestro bebé entre María y José es un signo de que, sabiendo que vosotros sois los padres de la Tierra, entregáis a vuestro/a hijo/a al Padre y la Madre del Cielo, donde toda la familia de los santos de Dios acoge a vuestro bebé. También podéis rezar con vuestros hijos alguna oración común en vuestra familia y hacer participar a vuestro bebé de la riqueza de compartir la fe en familia.
